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Gastos en piso compartido: alquiler, suministros y compra

Actualizado el 19 de septiembre de 2026 · 7 min de lectura

Un piso compartido no es un viaje: los gastos vuelven cada mes, indefinidamente. Una organización aproximada que aguanta tres semanas entre amigos se vuelve insostenible en dos años. Así se reparte el alquiler cuando las habitaciones son desiguales, qué entra de verdad en los gastos comunes, y cómo cerrar cada mes sin tener que reclamar nada a nadie.

La respuesta corta

Tres categorías, tres tratamientos. El alquiler se reparte según la superficie de las habitaciones privadas, dejando las zonas comunes a partes iguales. Los suministros (luz, agua, gas, internet, comunidad) se reparten a partes iguales: nadie puede medir su consumo individual de wifi. La compra común se apunta sobre la marcha y se cierra una vez al mes.

La regla que evita los conflictos no es una regla de cálculo: es una fecha fija de cierre mensual, la misma todos los meses, que nadie tiene que reclamar.

El alquiler: ¿a partes iguales o según la habitación?

A partes iguales es la solución por defecto, y es justa cuando las habitaciones son parecidas. En cuanto la diferencia de superficie pasa del 20 %, deja de serlo — y es el rencor silencioso más común en un piso compartido.

El método más equilibrado separa el alquiler en dos: una parte para las zonas comunes, dividida a partes iguales, y otra para las habitaciones privadas, repartida según su superficie. Un reparto 60 % habitaciones / 40 % común se acerca bastante al uso real de un piso.

Ejemplo: 1 050 € entre tres habitaciones desiguales

Habitaciones de 15, 12 y 9 m², es decir 36 m² privados. Se separa el alquiler: 630 € para las habitaciones, 420 € para el común.

CompañeroHabitaciónParte habitaciónParte comúnAlquiler
Carmen15 m²262 €140 €402 €
Nadia12 m²210 €140 €350 €
Arturo9 m²158 €140 €298 €
Total36 m²630 €420 €1 050 €

A partes iguales cada uno pagaría 350 €. Nadia paga exactamente lo mismo, Arturo se ahorra 52 € al mes y Carmen paga 52 más — es decir 624 € de diferencia al año. Ese es el orden de magnitud que justifica dedicarle diez minutos al mudarse.

A la superficie pueden sumarse otros criterios: balcón privado, baño en la habitación, orientación, planta sin ascensor. El principio es el mismo — ponderarlos una vez, por escrito, al principio.

Los gastos comunes

ConceptoRepartoObservación
Luz, gasA partes igualesSalvo calefacción individual por habitación, rarísimo
AguaA partes iguales
InternetA partes igualesTambién para quien está poco: la cuota es fija
Gastos de comunidadA partes igualesCuando no están incluidos en el alquiler
Seguro del hogarA partes igualesComprobar que todos los ocupantes están declarados
Productos de limpieza, papelA partes igualesLo más simple: uno compra y se apunta
Plataformas de streamingA partes iguales, solo entre los que la usanCasi nunca todos: tratar como gasto entre participantes elegidos
Compra de comidaSegún organizaciónVer más abajo

El caso que más se repite: un compañero que pasa la mitad del mes fuera pide una rebaja en los gastos. En la luz el argumento tiene algo de razón; en internet y el seguro, ninguna, son costes fijos. Lo practicable es mantener el reparto a partes iguales y decirlo claramente al entrar — los prorrateos por presencia convierten cada mes en una negociación.

La compra: tres organizaciones posibles

1. Bote común de comida

Todos comen de todo, una persona hace la compra, se apunta el ticket y se cierra a fin de mes. Es la fórmula más simple y la más sociable. Supone hábitos alimentarios parecidos: una dieta particular o un presupuesto muy distinto la vuelven injusta enseguida.

2. Lo común y lo personal, separados

Solo entra en el bote lo básico compartido: aceite, café, papel higiénico, productos de limpieza. El resto es individual. Es la fórmula más extendida en pisos de larga duración, porque no obliga a nadie a arbitrar nada.

3. Cada uno lo suyo

Ninguna compra común. Simple, pero pierde la economía de escala y llena el armario de tres aceites empezados.

Sea cual sea la fórmula, apunta el importe al pagar, no a fin de mes. Un ticket que aparece tres semanas después es un ticket que ya nadie reclama.

Un grupo permanente para el piso

Los gastos recurrentes como el alquiler o la cuota de internet se añaden solos cada mes. El resto se apunta en diez segundos, y el cierre está listo sin que nadie lo prepare.

Crear el grupo del piso

La organización mensual que funciona

  1. Una fecha fija. El 1 o el 5, siempre la misma. Lo que hace incómodo reclamar dinero es que sea excepcional; una cita recurrente lo normaliza.
  2. Una persona que centraliza el alquiler, si el contrato lo exige — pero los demás le devuelven ese mismo día, no «esta semana».
  3. Un cierre compensado. No devolváis gasto por gasto: saldad las posiciones netas. Entre tres compañeros suele ser uno o dos pagos en vez de seis.
  4. Un historial consultable, para que nadie tenga que fiarse de su memoria ni discutirla.

Las situaciones que complican

Alguien se va a mitad de mes

El alquiler y los suministros se calculan a prorrata de los días. Lo que se resuelve mal no es ese cálculo sino la fianza: el propietario solo la devuelve al terminar el contrato, a menudo mucho después de la marcha. Lo más sano es que quien entra compre la parte de quien se va, sin esperar a la devolución.

Los desperfectos

Un destrozo imputable a una persona es suyo; el desgaste normal es común. Hacer fotos al entrar y al salir evita cualquier discusión, y un inventario detallado vale más que cualquier acuerdo de palabra.

La pareja que se queda tres semanas

El tema no es primero económico, pero lo acaba siendo en la luz y en la compra común. Acordar un umbral de antemano —a partir de tantas noches al mes se suma una parte en los suministros— evita improvisar una regla en pleno conflicto.

Resumen

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